Hace casi tres años de mi primer post-parto. Había olvidado muchas cosas. Ahora lo recuerdo todo: como aquella sensación constante de pelo sucio pegado a la cara, ya deshidratada (olvídate de tus cremas); o el salir con sigilo de la habitación donde has conseguido dormir a un bebé en su cuna (pero tu olor se va contigo y el bebé vuelve a despertar; de nada sirve que salgas en silencio); la pila de platos por fregar, de ropa por doblar y numerosos post que escribir; las ganas de un tinto de verano cargado de alcohol para disfrutarlo entre charlas de amigas… Sí, así es, todo eso se te olvida y de repente vuelves a recordarlo, como si hubiese sido ayer.

En un pequeño ratito de descanso que me ofrecieron mis pequeños A, me encontré con unas fotos preciosas en mi facebook. No os he contado por aquí que hubo un año -cuando todo esto de la maternidad ni lo conocía ni me lo imaginaba- que viví en Londres. Un año de esos que no olvidarías nunca; una experiencia que, si pudiera volver atrás, hubiese aprovechado aún más si cabe. Las fotos que encontré eran de la boda de my londoner best friend. Si ese año fue inolvidable, ella lo es más aún.

La boda

 

Fue la boda más esperada, la que seguro que sería súper cool, la que no me podía perder… Y la que me perdí. Bebé A tenía apenas un mes y no me podía escapar. Busqué y busqué soluciones pero ninguna era válida, así que lo viví desde la distancia con la misma emoción como si lo hubiese vivido in situ, mientras se paseaba por la playa hasta el altar para darle el sí quiero a ese inglesito tan majo que la conquistó en tierras británicas. Ella, mi Angels, con una sonrisa que da buen rollo por donde pasa, la que me enseñó a disfrutar cada calle, cada lluvia londinense, que le pone buena cara a cualquier cosa, ganando por goleada a cualquier rival. Nos reíamos de lo imposible y le hacíamos frente a los fuertes vientos de cara. “It´s a kind of” le decíamos a todo con un tono de burla y con un “shit” escupíamos la rabia y la llenábamos de carcajadas.

Dado que me perdí su boda busqué un regalo que le definiese a ella y nos recordara un poco a nosotras, que resumiese la experiencia que nos unió tanto. No dudé en visitar a Lucía Be y su buen rollo y le encargué esa pulsera dorada que le llamara “bonica” todos los días, mientras tomara su café mañanero -qué adictas éramos a la cafeína- en una taza tisana de Mrs Lucía:

“Hoy:
haz algo bonito
compra flores
quédate en silencio
date esos cinco minutos de más”,

reza la taza.

¡Que los disfrutes, amiga!

 

Me perdí la boda del año, pero me quedé aspirando el aroma más agradable de un recién nacido. Olvidas muchas cosas del post-parto, pero jamás olvidas el olor de tus bebés.