El color de las emociones

El color de las emociones

Cuando tu mundo es un popurrí de emociones a veces no sabes muy bien cómo expresarlo. Es más, te conviertes en multi-polar y la gente te mira con ojos de miedo. Ya os comenté que había encontrado una forma muy saludable de no parecer un ogro lleno de ira e impaciencia por el día y un zombie malhumorado por la noche. Sin embargo, hay veces que no lo puedes controlar.
Los celos le han pasado la misma factura a Pequeño A que no sabe cómo elegir las emociones del día, y yo últimamente no soy un gran ejemplo para él..

cuento monstruo de coloresEl Monstruo de Colores

Cuando ya no sabes qué más hacer con los niños para que se distraigan un poco el plan ideal es ir a un centro comercial a que se entusiasmen con juguetes y sentarnos a una mesa a engullir sandwiches del Rodilla hasta reventar.
En nuestra visita de esta semana nos pasamos por la sección infantil del Fnac a leer cuentos. Fue ahí donde descubrí El Monstruo de Colores (digo descubrí, porque luego el Pequeño A me confesó que lo habían leído en el colegio).
Ahora nos levantamos contándonos el color emocional del día. Me sorprendió cuando me dijo que se iba a portar de color verde (tranquilo) porque se sentía de color amarillo (alegre). Me reí a carcajada limpia y lo hemos convertido en un juego diario para contarnos cómo nos sentimos.
El libro me pareció demasiado extenso para un niño de 3 años al que le cuesta centrarse y parar quieto. Pero cuando lo cuentas con teatrillo y saltándote párrafos, el cuento pasa a ser su preferido de inmediato.

Admiro que quiera coger pellizcos del mundo y guardarlos en su memoria. Es impresionante cómo los cuentos que les recitas se meten tan dentro de ellos que los hacen suyos; tan suyos, que también forman parte de ti y los recuerdas al mirarlos.

Ayer, durmiendo al Bebé A, asomaba por la puerta de la habitación la sombra proyectada del hermano mayor. La silueta de un niño que sueña con tener poderes y que sus juguetes cobren la vida que él quiere en ese ratito de juego. Y te recuerda, entonces, al cuento de Imagina, aquél que le contabas día tras día porque era el cuento nuevo y tu actuación le encantaba. O aquel de Adivina cuánto te quiero, cuando no se quiere dormir y no deja de pedirte cuentos, canciones y enseñarte sus 200 juguetes del baúl.

linterna proyectorCuentos a la luz de la linterna

Uno de sus regalos de cumpleaños fue una linterna con discos que proyectan historias en el techo. Es la novedad del momento y las noches se convierten en fantasía en la habitación del Pequeño A, en el blanco de su techo, que se llena de animales de circo e historias inventadas. Y, como no se quiere dormir, lo repetimos una y otra vez, ya sea en español o en inglés para aprendernos los animales en el idioma de moda. Al rato, le dejo la linterna y me escabullo entre la oscuridad para dejar que le pese el sueño y finalmente duerma. Hasta que eso pasa, busca sombras, espacios escondidos y fantasías a la luz de la linterna. El sueño le vence y, como si de un adolescente con un libro en la noche se tratara, cae rendido con linterna en mano.

Un día más hemos conseguido que el bote de las emociones despierte con un amarillo (alegría) y finalice con un verde (relax), pero siempre con el rosa (amor) llenito hasta los topes.