El mes de junio es de mis meses favoritos del año. El buen tiempo y los días largos te invitan a salir a respirar el olor a vacaciones, piscinas de verano y sombrillas derritiéndose. El silencioso patio de vecinos se convierte en una fiesta primaveral, con toallas en el césped que hacen de mantel de picnic con hormigas incluidas y conversaciones interminables, siempre interrumpidas por salir a correr detrás de algún peque, “que a saber qué estarán haciendo que no se les oye, o que gritan demasiado, o que se escucha a alguien llorar”.

Graduación infantil

El Pequeño A se hace mayor y después de bailar al son de Grease y vestirse a lo Danny Zucko, con ese pelo engominado y sus gafas de sol incluidas, se ha coronado con el birrete del orgullo. Recordábamos con sus profesoras lo pequeño que entró en esa guardería tan amorosa, y demostró a todas que pequeñito pero matón. Desde el primer día impuso su lado no paro quieto ni un segundo y vacilaba a quien pasara con sus piruetas extremas al borde del tobogán, demostrando que por muy pequeñín que fuese, su psicomotricidad iba por delante y no había nada que temer. Risueño y carismático, siempre dando los buenos días a sus profes y enseñándonos a los adultos que no hay nada más bonito e importante que sonreír el nuevo día. No pararía de comerme su felicidad a besos.

Medalla “olímpica”

Sumamos una medalla más en la pared de la habitación.

-Mamá, otra medalla por nadar muyyyyyyy bien- y se la pone de vez en cuando para lucirla por casa con total orgullo.

Le permitieron apuntarse a natación un poco antes de la edad permitida, y una vez más, demostró que nada le frena. Se lanzó al agua con una agilidad envidiable, con el asombro de su entrenador, que temía lo pequeño que parecía. Una vez más me deja boquiabierta con su decisión por afrontarlo todo, atreverse a saltar hacia lo nuevo y ver qué ocurre, y enseñarnos que todo se puede cuando se quiere.

La natación para los niños me parece de las cosas más importantes, tanto para su desarrollo como para su independencia en el entorno acuático, que en verano se agradece (aunque no por eso debe dejarse nunca de vigilar a un niño en el agua). Hoy el Pequeño A recorre la piscina de verano disfrutando de cada tramo recorrido.

-Que no te rías, que tragas agua- le digo. Pero no puede evitarlo, está como pez en el agua, tan placentero que da envidia.

Los años y el amore

Otro añito que sumamos a esta historia que un día nos montamos el amore y yo, y nos fuimos a celebrarlo a Platea, con espectáculo y mojito (sin alcohol). Terminamos la noche bailando como dos adolescentes que se buscan para intercambiar miradas de magia y sabores del alma, al son de un insistente “despacito” y un sexual “deja vu”, con movimientos de bachata que debieron gustarle al Bebé A y le acunó hasta dormirle.

Discusiones, palabras que te comes antes de pronunciar, impaciencias que debes contener… Qué difícil las relaciones de pareja, sobre todo con hijos de por medio. Pero lo mejor de las palabras es que el viento se las lleva y sólo quedan los besos de reconciliación, los momentos de sofá y peli disfrutando de nosotros, las cenas y planes improvisados para no olvidar que no sólo somos padres, también amantes ansiosos de tiempo para los dos… Y las miradas de admiración de un Pequeño A hacia sus padres, por ser fuertes, por saber todas las respuestas, por querer que le hagamos cosquillas hasta que no pueda más y compartir todos sus momentos con los dos, crean de la nada una balanza de importancia, y entonces sólo lo bonito, lo que es nuestro, es lo que más pesa, olvidando cualquier otro absurdo debate sin interés.

Este verano empieza con encanto, a tan sólo un mes de que el Bebé A se decida a salir. El otro día, el Pequeño A le encargó, para cuando nazca, uno de sus personajes preferidos de Disney para jugar con él. Ahora espera ansioso su llegada y todos lo días pregunta si “ya ha nazcado“. Cuando le digo que no, mira la tripa, cada día más grande, y dice que seguro que su encargo ya está en la barrigota con él porque ha crecido. Yo no puedo dejar de reírme con las ocurrencias de este peque comestible.

Lo mejor del mes ya lo he recogido entre mis recuerdos, que esos no dejo que se los lleve el viento. ¿Con qué recuerdos te quedas del tuyo?