Esta podría ser la entrada más sincera que te he escrito en nuestros paseos, porque el alma duele si no sueltas remordimientos por alguna vía accesible a ello.

Has dejado sitio sin rechistar a un nuevo hermanito. Ya habíamos hablado de ello durante todo el embarazo, pero las cosas hasta que no llegan no se mentaliza uno de verdad. Después de ver la carita tan pequeña de Bebé A y volver a ver la tuya por primera vez, fui consciente de ese tiempo veloz que había hecho mella en nosotros y lo mayor que te habías vuelto. Y me dio pena, mucha pena, pensar que somos nosotros, los adultos, los que marcan vuestros pasos de madurez, por una nueva llegada o por un simple escalón más en el cole. Cualquier excusa os hace crecer sin que podamos frenarlo. Y ya dices “yo soy mayor y mi hermanito es un bebé”, y lo piensas tú solito, quizá para autoconvencerte y lograr entender los minutos que te está robando de nuestro tiempo juntos. Ver esos ojos de rebeldía, de apartarte sin rechistar aunque supliques que juegue contigo y deje a tu hermanito en la cuna… esos ojitos de mi bebé mayor me hunden por dentro, por la impotencia de no poder cumplir a partes iguales aunque haga mil esfuerzos; por comprender, yo también, que ese tiempo juntos en los que sólo tú y yo gobernábamos las horas se han acabado y ahora sólo queda compartirlo.

Jamás olvidaré tus tres primeros años, todo lo que hemos vivido, compartido, carcajeado hasta caer de amor. Todo un corazón para ti que has sabido llenar y ensancharlo y llenarlo de recuerdos que sólo una madre comprendería. Y tú sólo los recordarás ahora, porque a vosotros sí que se os va borrando al descubrir que hay más mundo fuera de mamá. Ley de vida. Pero igual que mueres de amor, mueres de pena.

Siempre serás mi super héroe número uno, el que me ha enseñado a ser la madre que soy, a dar un amor que no sabía que tenía dentro, a descubrir lo que es el cariño verdadero y las cosas importantes de la vida. Siempre serás mi bebé, el que crece primero y me da lecciones de vida (muchas) pero que sigue queriendo mis brazos, mi tiempo contigo, mis cuentos nocturnos y mi “cura sana” en cada herida de guerra.

Ya somos cuatro en la casa del Equipo A y pronto -por la velocidad del tiempo- tendrás un nuevo compañero de juegos, y perdonarás las horas que requiere un recién nacido, y le querrás como ya todos le queremos. Necesitas tiempo, es normal, han conquistado parte de tu territorio, de tu atención, de los abrazos y besos que sólo había para ti. Pero igual que veloz, la vida es sabia y nos pone a todos en su sitio. El tuyo, el de hermano mayor que enseñará al Bebé A cada nuevo descubrimiento de su reciente entorno. Pero sin etiquetas, sin pedirte más de lo que debo, seguirás siendo aquel niño bonito que nos deja a todos boquiabiertos, que nos saca sonrisas y nos da lecciones sin pedirlas; aquel niño con su mamá que conquistan paseos con nuevas anécdotas, ahora con muchas cosas que contar.

No te preocupes Pequeño A, siempre serás mi súper héroe número uno.

Comenzamos un nuevo paseo con un nuevo compañero. ¡Bienvenido Bebé A!

 

Foto profesional: Daguerrotipas.com